miércoles, 2 de septiembre de 2009

Hablemos un poco de género


La categoría género, su lógica en la construcción y establecimiento de las relaciones de poder entre hombres y mujeres.

Así, los sistemas de género son los conjuntos de prácticas, símbolos, representaciones, normas y valores sociales que las sociedades elaboran a partir de la diferencia sexual anatomo-fisiológica y que dan sentido, en general, a las relaciones entre personas sexuadas (De Barbieri, 1990).

El termino género, ha sido un termino que en las ultimas décadas y años ha tenido mayor visibilidad En algunos casos acertadamente, en otros donde se le ha transferido significados erróneos. Por ende, lo primero es definir este concepto.

Lo primero es especificar que género no es sexo, se relaciona estrechamente con el mismo, pero no es sexo. El sexo se refiere al conjunto de características biológicas (hormonales, sexuales, etc.) que caracterizan al hombre o la mujer y lo diferencian por dichos procesos y características tanto fisiológicas de los órganos como en el fenotipo –expresiones físicas. En palabras de Gomáriz (1992), la idea general mediante la cual se distingue sexo de género consiste en que el primero se refiere al hecho biológico de que la especie humana es una de las que se reproducen a través de la diferenciación sexual, mientras el segundo guarda relación con los significados que cada sociedad le atribuye a tal hecho.


El género trasciende en complejidad y significado, ya que, corresponde a una construcción social de expectativas en términos de roles, comportamientos, actitudes, respuestas, estímulos y esquemas de el hombre o la mujer –más, como explica Gomariz (1992), las consecuencias y significados de pertenecer a cada sexo, las cuales son entendidas como “naturales”, cuando realmente lo que representan son formulaciones de género.

Estos patrones vienen definidos culturalmente, y a largo de la historia presentan cierta rigidez que ha tomado gran lucha y abogacía –más sangre, dolor e incontables sacrificios- por generar un concepto equitativo y objetivo de esta concepción.


De aquí, vamos al otro dato importante de la construcción del género, como señala Sau, hay una interiorización desde la infancia, cognitiva y conductual, en el cual el ambiente y sus actores, padres y madres, sociedad, entre otros, juegan un papel relevante en la formación del concepto. La asignación de colores (azul vs rosa), comportamientos y actitudes (“los hombres no lloran” / “las mujeres son las sensibles = débiles”), los elementos que desde infante dan sentido a la creatividad y recreación (carritos/pistolas vs. Juego de cocina y muñeca), y en esa cadena, se forja claramente el concepto de lo esperado por cada sexo. La construcción del concepto también esta compuesto por dos vertientes que Sau describe muy bien, la colectiva, que asume que los sujetos se adapten a las expectativas de su cultura y la vertiente individual, que alude a como y en que medida el individuo vive su genero.

¿Relaciones de poder?
Deseo empezar esta parte, con una pregunta del artículo “Mujeres en Transición. La perspectiva de género” de Marta Lama.
¿Por qué la diferencia sexual implica desigualdad social?

El concepto de género, no solo se refiere a roles, o comportamientos esperados, es un término que apunta por igual a las relaciones entre los sexos, siendo estas históricamente y socialmente con una alta tendencia a la exclusión y/o minimización por causa del sexo, en este caso el femenino. También siendo una cuestión de control. Como parte de un proceso de aprendizaje social, nos encontramos muchas veces en el curso de la corriente asientiendo a valores y enunciados que son completamente en contra de nuestra naturaleza y/o al honor y dignidad que cada ser humano –sin distinción, de sexo, religión, raza, etc- merece.


La gran preocupación en este sentido, es que las mujeres han sido portadoras injustamente vestidas de la ignominia basadas en justificaciones no validas, que han llevado al mal trato y discriminación y desigualdad de oportunidades –no por haber ser mujer, sino por los prejuicios sociales que se asocian a pertenecer a este sexo.

Parte de la construcción del término ha tenido un componente histórico de alto peso. Tomemos la biblia por ejemplo, desde el Antiguo Testamento el rol y protagonismo (si es que hay alguno) de la mujer, se ve regazado y por siglos ha reforzado una visión de esta como dependiente y menor que el hombre –desde el Edén y “su caída”. A esto se le ha sumado el resultado de una perspectiva exclusivista y marginadora del potencial de las mujeres. “El sexo débil” al cual se le ha dibujado detalladamente –y en términos de SUBORDINACION, que es el problema real.


Un ejemplo de esto (solo uno en ejemplo de una situación generalizada en todas las aéreas de las mujeres en distintas medidas), son los salarios, se ha comprobado que existe en muchos países, incluyendo el nuestro, muchas áreas del saber y en la esfera laboral diferencias significativas en cuanto a la remuneración de hombres y mujeres, cuando los roles o funciones son los mismos.

El poder entender que existe una desventaja y devaluación social es más que un esfuerzo feminista, es una cuestión de derechos humanos inalienables que se ven erosionados continuamente, solo por diferencias biológicas que en ninguna manera –aunque se crea lo contrario- justifican esto. Estoy de acuerdo con la idea expuesta por autoras, que la victimización de las mujeres, no es cuestión de ocio o revolución per se, las relaciones de poder y los esquemas de discriminación hacia las mujeres se generalizan, resultando en una vulnerabilidad mayor.

Por ejemplo, imaginemos en primera instancia las condiciones de inequidad a las que una mujer se enfrenta a nivel familiar, laboral, cultural, pero si añadimos a esto, una mujer de raza negra, el peso de la discriminación y/o devaluación social es mayor, y si añadimos a esto, una mujer pobre, aún más. En el caso de las mujeres, también se da el tema de la edad, o discapacidad, o más extremo aún distinta orientación sexual o que no sepa cocinar.

La base de esto, ha sido un esfuerzo por mantener a la mujer privada de sus derechos básicos como ser humano y beneficiar históricamente y socialmente al hombre, quien ha disfrutado –consciente o inconscientemente—de esta posición y que muchas veces evade entender esta realidad y ser parte del cambio.

En nuestro país, aunque se ha avanzando enormemente pudiera decir, aun existe mucho silencio, lagunas, cementerios potenciales donde la autoestima se marchita rápidamente o nunca existió, y el temor hace que incontables mujeres funcionen como títeres, creyendo la mentira de que no tienen opción de ser quienes desean ser y lo que significa el concepto de dignidad.

La socialización lleva a percibir la masculinidad, como poder tener/ ejercer control o sobre la mujer, por ende, refuerza procesos sociales de desensibilización, expectativas de que el ejerza poder, y una mentalidad que los excluye del verdadero concepto de la paternidad, la relación saludable con sus hijos e hijas. A este panorama, le agregamos el elemento, de cómo estas construcciones y distribución inequitativa de poder, liguen el concepto de masculinidad a violencia y agresividad, teniendo como consecuencia que en la mayoría de los casos sean las mujeres las receptoras de dichos patrones de comportamiento.



2) Su utilidad e importancia como categoría de análisis e instrumento de movilización.


El término nos permite poder situarnos en una posición activa para el estudio de condiciones y patrones de comportamientos humanos que atentan a corto y largo plazo contra la paz, equidad y sostenibilidad de la vida humana, por ende, tiene un valor instrumental e intrínseco. Esto es lo que ha hecho poder tomar el concepto de género, primero como un eje específico con un alcance puntual, y practico, para poder identificar situaciones latentes y obvias de exclusión, discriminación y desigualdad, en este caso aplicado al tema de las mujeres. Lo cual permite que existan procesos de cambio, sensibilización y plasticidad social que favorezcan eventualmente a estas poblaciones vulnerables. Como señala Scott, quienes se preocuparon de que los estudios académicos en torno a las mujeres se centraran de forma separada y demasiado limitada en las mujeres, utilizaron el término "género" para introducir una noción relacional en nuestro vocabulario analítico.


Por otro lado, la utilidad del término, lleva en si una naturaleza de cambio y reformulación, Scott en este sentido señala: las estudiosas feministas pronto indicaron que el estudio de las mujeres no sólo alumbraría temas nuevos, sino que forzaría también a una reconsideración crítica de las premisas y normas de la obra académica existente. El proceso de educación y abogacía se puede dar en un sentido mas científico, practico y funcional cuando se pueden definir parámetros, el concepto de genero, permite esto, da lugar a entender mejor procesos y realidades sociales, cognitivas y culturales que necesitan ser revisados. En este sentido, Scott refuerza, exponiendo que el interés por el genero, abre el espacio para un compromiso de los estudiosos que incluya a los oprimidos y sus circunstancias, un análisis de la naturaleza y el significado de su opresión y en segundo lugar a la comprensión académica de que las desigualdades del poder están organizadas en esos tres ejes (raza, clase y sexo).

Si este término y lo que en si conlleva, no se hubiera identificado y subrayado, es probable que las décadas y luchas no hubieran tenido el alcance que hoy tienen. Como cualquier palabra y construcción, puede sufrir de desgaste o confusión o el acostumbrarnos a el. Es la tarea de cada persona involucrada, especialmente el gobierno, agencias de la sociedad civil, instituciones académicas levantar constantemente el espíritu de la investigación, abogacía, reflexión del tema.

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